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jueves, 21 de junio de 2012

EL NUEVO YERNO

Un muchacho, llamó a la puerta de la casa de su novia. 

Tuvo el tino de abrir el padre de la muchacha 


- ¿Qué desea, joven? 
- Pues, verá usted, vengo a hablar con usted. 
- Bueno, pues, pase joven, vayamos a la sala y ahí me cuenta de qué quiere hablar conmigo. 
¿Y bien? 

El joven, todo decisión, respondió: 

- Mire usted, vengo a comunicarle que a su hija y a mí nos gustaría compartir nuestras vidas, nos queremos casar. 

El señor sonrió. 

- Pues está muy bien eso de que se casen, pero cuénteme, muchacho, 
¿ya cuenta con un salario digno para poder sustentar a mi hija y los hijos que vengan? 

El joven, con todo el aplomo del mundo, contestó: 

- Mire, aunque soy Ingeniero titulado, no gano mucho. 
Sin embargo, su hija me ha comunicado lo que ganan su distinguida esposa y usted. Por lo cual, confío en tener una pequeña ayuda de ustedes para poder pagar el teléfono, el agua, la luz y el supermercado. 

Un poco sorprendido por la respuesta, el padre, hizo otra pregunta: 

- Bueno, ¿y piensan comprar un apartamento o una casa? ¿O prefieren alquilar..? 

El joven, con mirada inocente, contestó: 

- Si antes le pedí una pequeña ayuda para poder ir viviendo, hemos pensado que, como esta casa es muy grande y pueden vivir perfectamente dos matrimonios, no es necesario comprar o alquilar apartamento o casa. Deseamos vivir en esta casa con ustedes. 

El señor, desconcertado por la actitud del muchacho, continuó con el interrogatorio: 

- Dígame algo, ¿tiene automóvil? 

El joven, sonriendo, respondió: 

- Mire, no tengo coche porque he estado pensando que si usted tiene tres, para qué vamos a comprar uno más. 
Usted nos deja el que les sobra y así no es necesario adquirir otro. 

En ese instante, entró en la sala la madre de la novia, quien, mirando primero al joven y luego a su esposo, preguntó cordialmente: 

- ¿Se puede saber de qué hablais? 

El esposo respondió: 


- Querida mía, qué alegria que llegas; quiero presentarte al Señor Árbitro, quien pretende ser el futuro marido de nuestra hija.. 

El joven, desconcertado y molesto, inquirió: 

- Oiga, ¿por qué me llama Señor Árbitro? 

A lo que el presunto suegro contesta: 

-Y bueno, hijoputa, ¿cómo demonios quieres que te llame si hasta ahora lo único que vas a poner en esta casa es el "Pito"?

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